El mago enano vino vestido de rojo

nota del diario la prensa de bolivia recordando a bochini y su paso por capriles en 1975

El autor de la presente nota nos habla de la memoria y del presente mediático.

Casualidad, pero hoy, en el zapping que depara siempre sorpresas, pasaban la historia del Independiente campeón de la Libertadores de 1984. Noté los ridículos shorts, muy cortos, demasiado pegados, no dudo que ajustándoles los huevos tanto a los jugadores que las viejas cochabambinas les dirían, sentenciosas, que no habrían de hacer parir. Bochini. De él un gol magistral en los partidos previos contra Estudiantes de La Plata. Recordé que obtuve a la entrada del estadio Capriles, de Cochabamba, una firma suya sobre un artículo en El Gráfico. Me pregunto qué habrá sido de ella, tanto gitanismo y malabares para vivir más o menos en paz. Pero eso fue antes del 84, FUE EN EL 75, antes del mundial 78 argentino incluso. Todavía estaba Pavoni, sobrio y carismático atrás, el uruguayo.

DOMINGO DE FÚTBOL. Llegan las tres B, me avisó mi padre, alcanzándome los pesos para comprarme una entrada. Asegúrate, dijo, que sea en Preferencia. Sol, como le decían al otro lado, servía para la plebe alcoholizada, donde la chicha corría en arroyo por las escalinatas; sobre la calle, entre polvo y palmeras, se desataban escenas dantescas de tipos con la linga al aire echándose sonoras meadas en medio de vendedoras con suculentos sándwiches de chola. Domingo en la tarde, cayendo el crepúsculo, aquella cuadra de la Avenida Libertador se hacía impasable, y húmeda. Muy cerca, en los frontones de pelota vasca, los q’ajcheros seguían la rutina nacional, esta vez con cerveza Taquiña, y festejaban la vida, no el deporte, o qué elementos oscuros de su psiquis, vaya uno a saber. El canchero, don Q’aspa, y los q’aspitas, sus hijos, hilaban parsimoniosos las bolas que vendían para el juego. Hilo y goma, ligas de hule, una tras otra, dando forma redonda casi perfecta. Luego las cubrían con cuero de colores, unas más grandes, para la q’ajcha, otras menores para la recién introducida raqueta de madera, duras como piedras. Rompían las manos, les sacaban “clavos”, lesión típica del juego que requería cirujano. Las Tres B eran Bertoni, Bochini y Balbuena. Menotti probaba a los dos primeros para lo que sería la selección campeona del mundo el 78. Quedó Bertoni, el que más me gustaba. Al Bocha, lo decían por su apellido y su inteligencia, lo descartó por gente más aguerrida como Valencia, o el barbón Villa, pero yo aun recuerdo a ese mago chiquito que visito mi pueblo vestido de rojo en 1975, donde estaras ahora, cuanta magia señor bochini, y nunca le di las gracias.

CLAUDIO FERRUDIÑO – PERIODISTA DE LA PRENSA DE BOLIVIA
pta:1975 fue el año en que Ricardo Enrique Bochini, junto con Independiente, jugó en el Capriles.

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